martes, 25 de febrero de 2020

Por qué no se le debe cambiar el nombre a las calles Washington y Lincoln


POR QUÉ NO SE LE DEBE CAMBIAR EL NOMBRE A LAS CALLES WASHINGTON Y LINCOLN


Y quizás a ninguna otra calle de Chascomús



Es habitual que se presenten en el Concejo Deliberante proyectos para nombrar calles y espacios públicos que carecen de denominación. De hecho, es una de las atribuciones que posee dicho cuerpo, según lo que indica el art. 27 inc. 4 de la Ley Orgánica de las Municipalidades.


Pero en otras ocasiones, se presentan proyectos que lo que buscan es cambiar el nombre de una calle o espacio público por otro, eliminando el existente.


En nuestra localidad podemos citar, a guisa de ejemplo, la obliteración de la toponimia local de la figura de Lamadrid, al cambiársele el nombre de la arteria por el de Perón.


Hoy en día, se ha generado una polémica por el cambio de nombre de un sector de la avenida Lastra por el de Néstor Kirchner, pero existen también otros dos proyectos que plantean cambiar el nombre de las calles Washington y Lincoln por el de Juan Luzian y René Favaloro, respectivamente.


No deberían aprobarse ninguno de los proyectos.


Vayamos primero a una cuestión eminentemente normativa: la calle Favaloro ya existe en Chascomús.


En la sesión del día 26 de noviembre de 2015, de la que tomé parte al desempeñarme como concejal de la UCR, se votó y aprobó el proyecto de Ordenanza N° 4658 que impuso el nombre del afamado médico a una calle ubicada en el barrio en el que se alzan las viviendas de la Cooperativa Por Un Techo Propio.


De hecho, la propuesta de quien escribe, que no tuvo eco en el Concejo, había sido la de nombrar la calle como Juan Andrada, juez comisionado de Chascomús en 1806, quien además había sido uno de los primeros milicianos de la zona. De esa manera, se daba una continuidad lógica a la nomenclatura del barrio “30 de Mayo”, pero como dije, se impuso la propuesta de Favaloro.


A ello le debemos sumar el hecho de que existe otro sitio público que homenajea al doctor Favaloro, que es la plazoleta que lleva su nombre en la esquina sudoeste del Hospital Municipal, creada gracias a una iniciativa del ya fallecido Ernesto “Cholo” Iseas, cuando se desempeñaba como concejal, a través de la Ordenanza N° 2103.


Por su parte, el prolífico Juan Luzian posee el quizás mejor reconocimiento que se le pueda haber hecho: el edificio del cuartel de los bomberos voluntarios lleva su nombre. Merecido homenaje para quien fuera el precursor de esa institución en nuestra ciudad.


Volviendo ahora a las figuras de Washington y Lincoln, digamos que sería imposible en un artículo de esta naturaleza reseñar los hechos destacados de sus vidas que ameritan su reconocimiento. Abundante literatura está a disposición de los interesados.


Aunque resulta interesante mencionar que muchos de nuestros próceres siguieron las ideas de aquellos hombres en la construcción de nuestra nación, así que mejor dejemos que sean ellos quienes nos hablen de los próceres norteamericanos.


Manuel Belgrano fue uno de los que siguió las ideas de George Washington, al punto de realizar la traducción de su discurso titulado “The address of General Washington to the people of the United States on his declining of the Presidency of the United States” que el general norteamericano escribió con motivo de retirarse de su segunda presidencia y rechazar su postulación por un tercer período. Belgrano dijo, al mandar a publicar su traducción, que suplicaba “al gobierno, a mis conciudadanos, y a cuantos piensen en la felicidad de la América, que no se separen de su bolsillo este librito, que lo lean, lo estudien, lo mediten, y se propongan imitar a ese grande hombre, para que se logre el fin a que aspiramos, de constituirnos en nación libre e independiente”.


Por su parte, Domingo Sarmiento, que había sido embajador en los Estados Unidos, escribió su libro “Vida de Lincoln”, en donde expresó que “en la vida de Lincoln encontráranse esas afinidades de existencia entre ambas Américas; y de los hechos que con ella se relacionan, deducirse han por fuerza lecciones y advertencias útiles para nuestro propio gobierno” y “la vida de Lincoln está por sí sola destinada a ser de un grande beneficio como enseñanza para los pueblos”.


Elocuentes expresiones de dos prohombres de nuestro país.


Pero volviendo a los proyectos en cuestión, ¿por qué, habiendo calles sin nombre en nuestra ciudad, se quiere cambiar los nombres de calles ya existentes y con raigambre en la comunidad?


El lector atento podrá observar que no se sugiere cambiar el nombre de calles con nombres más neutrales, por decirlo de alguna manera.


Y ahí es donde hay algo que se puede leer entre líneas, y es ese habitual chauvinismo populista que subyace en estas iniciativas.


Pareciera que el verdadero objeto fuera, no el de reconocer a personalidades locales o nacionales, sino tan solo eliminar los nombres políticamente incorrectos. Pareciera que se apuntara a los nombres que algunos insisten en identificar burdamente con los enemigos de la nacionalidad.


Pero más allá de eso, es importante señalar que los nombres de las calles tienen la impronta del pensamiento de los hombres y mujeres que en su momento propusieron esas denominaciones, y se convierten así en una suerte de estampa de los criterios que se impusieron en los determinados momentos históricos.


Y justamente por eso y por la raigambre que generan, los nombres de las calles terminan siendo apropiados por los vecinos, despiertan sentimientos de identidad y conforman parte de la tradición local. ¿Cuántos chascomunenses se siguen refiriendo a Libres del Sur como Buenos Aires?, ¿cuántos le dicen Lamadrid a Perón? Es así que podemos incluso decir que los nombres de las calles forman parte del mismísimo patrimonio cultural de nuestra ciudad.


Y todo ello, sin contar que existen varias arterias de nuestra ciudad que carecen de nombre, lo que hace que aparezca como exagerado esta insistencia en rebautizar una calle, cuando bien una consulta a la oficina que registra el catastro municipal podría indicar cuáles son las calles aún sin nombre. ¿Y qué va a pasar cuando todas las calles tengan nombre?, pues el número de calles de la traza urbana es necesariamente finito, y las personas a quienes se quiera homenajear va a seguir creciendo año a año, así que en algún momento vamos a tener que abandonar la manía de querer renombrar todo.


Y eso no debe entenderse en desmedro de las personas a quien se quiere homenajear, para quienes, con un poco de imaginación, se podrían encontrar otras alternativas.


En definitiva, existe más de un fundamento para no cambiar el nombre de las calles de nuestra ciudad.

Ni a Washington, ni a Lincoln, ni a Lastra.



Chascomús, 25/02/2020




El estado municipal no puede promover las pseudociencias

Paradójicamente, el 24 de octubre, día en que se conmemora el día de la astronomía en Argentina (con motivo de la creación del Observatorio ...