POR
QUÉ NO SE LE DEBE CAMBIAR EL NOMBRE A LAS CALLES WASHINGTON Y LINCOLN
Y
quizás a ninguna otra calle de Chascomús
Es habitual que se presenten
en el Concejo Deliberante proyectos para nombrar calles y espacios públicos que
carecen de denominación. De hecho, es una de las atribuciones que posee dicho
cuerpo, según lo que indica el art. 27 inc. 4 de la Ley Orgánica de las
Municipalidades.
Pero en otras ocasiones, se
presentan proyectos que lo que buscan es cambiar el nombre de una calle o
espacio público por otro, eliminando el existente.
En nuestra localidad podemos
citar, a guisa de ejemplo, la obliteración de la toponimia local de la figura
de Lamadrid, al cambiársele el nombre de la arteria por el de Perón.
Hoy en día, se ha generado una
polémica por el cambio de nombre de un sector de la avenida Lastra por el de
Néstor Kirchner, pero existen también otros dos proyectos que plantean cambiar
el nombre de las calles Washington y Lincoln por el de Juan Luzian y René
Favaloro, respectivamente.
No deberían aprobarse ninguno
de los proyectos.
Vayamos primero a una cuestión
eminentemente normativa: la calle Favaloro ya existe en Chascomús.
En la sesión del día 26 de
noviembre de 2015, de la que tomé parte al desempeñarme como concejal de la
UCR, se votó y aprobó el proyecto de Ordenanza N° 4658 que impuso el nombre del
afamado médico a una calle ubicada en el barrio en el que se alzan las
viviendas de la Cooperativa Por Un Techo Propio.
De hecho, la propuesta de quien
escribe, que no tuvo eco en el Concejo, había sido la de nombrar la calle como
Juan Andrada, juez comisionado de Chascomús en 1806, quien además había sido
uno de los primeros milicianos de la zona. De esa manera, se daba una continuidad
lógica a la nomenclatura del barrio “30 de Mayo”, pero como dije, se impuso la
propuesta de Favaloro.
A ello le debemos sumar el
hecho de que existe otro sitio público que homenajea al doctor Favaloro, que es
la plazoleta que lleva su nombre en la esquina sudoeste del Hospital Municipal,
creada gracias a una iniciativa del ya fallecido Ernesto “Cholo” Iseas, cuando
se desempeñaba como concejal, a través de la Ordenanza N° 2103.
Por su parte, el prolífico
Juan Luzian posee el quizás mejor reconocimiento que se le pueda haber hecho:
el edificio del cuartel de los bomberos voluntarios lleva su nombre. Merecido
homenaje para quien fuera el precursor de esa institución en nuestra ciudad.
Volviendo ahora a las figuras
de Washington y Lincoln, digamos que sería imposible en un artículo de esta
naturaleza reseñar los hechos destacados de sus vidas que ameritan su
reconocimiento. Abundante literatura está a disposición de los interesados.
Aunque resulta interesante
mencionar que muchos de nuestros próceres siguieron las ideas de aquellos
hombres en la construcción de nuestra nación, así que mejor dejemos que sean
ellos quienes nos hablen de los próceres norteamericanos.
Manuel Belgrano fue uno de los
que siguió las ideas de George Washington, al punto de realizar la traducción
de su discurso titulado “The address of General Washington to the people of
the United States on his declining of the Presidency of the United States”
que el general norteamericano escribió con motivo de retirarse de su segunda
presidencia y rechazar su postulación por un tercer período. Belgrano dijo, al
mandar a publicar su traducción, que suplicaba “al gobierno, a mis
conciudadanos, y a cuantos piensen en la felicidad de la América, que no se
separen de su bolsillo este librito, que lo lean, lo estudien, lo mediten, y se
propongan imitar a ese grande hombre, para que se logre el fin a que aspiramos,
de constituirnos en nación libre e independiente”.
Por su parte, Domingo
Sarmiento, que había sido embajador en los Estados Unidos, escribió su libro “Vida
de Lincoln”, en donde expresó que “en la vida de Lincoln encontráranse
esas afinidades de existencia entre ambas Américas; y de los hechos que con
ella se relacionan, deducirse han por fuerza lecciones y advertencias útiles
para nuestro propio gobierno” y “la vida de Lincoln está por sí sola
destinada a ser de un grande beneficio como enseñanza para los pueblos”.
Elocuentes expresiones de dos
prohombres de nuestro país.
Pero volviendo a los proyectos
en cuestión, ¿por qué, habiendo calles sin nombre en nuestra ciudad, se quiere
cambiar los nombres de calles ya existentes y con raigambre en la comunidad?
El lector atento podrá
observar que no se sugiere cambiar el nombre de calles con nombres más
neutrales, por decirlo de alguna manera.
Y ahí es donde hay algo que se
puede leer entre líneas, y es ese habitual chauvinismo populista que subyace en
estas iniciativas.
Pareciera que el verdadero
objeto fuera, no el de reconocer a personalidades locales o nacionales, sino
tan solo eliminar los nombres políticamente incorrectos. Pareciera que se
apuntara a los nombres que algunos insisten en identificar burdamente con los enemigos
de la nacionalidad.
Pero más allá de eso, es
importante señalar que los nombres de las calles tienen la impronta del
pensamiento de los hombres y mujeres que en su momento propusieron esas denominaciones,
y se convierten así en una suerte de estampa de los criterios que se impusieron
en los determinados momentos históricos.
Y justamente por eso y por la
raigambre que generan, los nombres de las calles terminan siendo apropiados por
los vecinos, despiertan sentimientos de identidad y conforman parte de la
tradición local. ¿Cuántos chascomunenses se siguen refiriendo a Libres del Sur
como Buenos Aires?, ¿cuántos le dicen Lamadrid a Perón? Es así que podemos incluso
decir que los nombres de las calles forman parte del mismísimo patrimonio
cultural de nuestra ciudad.
Y todo ello, sin contar que
existen varias arterias de nuestra ciudad que carecen de nombre, lo que hace
que aparezca como exagerado esta insistencia en rebautizar una calle, cuando
bien una consulta a la oficina que registra el catastro municipal podría
indicar cuáles son las calles aún sin nombre. ¿Y qué va a pasar cuando todas
las calles tengan nombre?, pues el número de calles de la traza urbana es
necesariamente finito, y las personas a quienes se quiera homenajear va a
seguir creciendo año a año, así que en algún momento vamos a tener que
abandonar la manía de querer renombrar todo.
Y eso no debe entenderse en
desmedro de las personas a quien se quiere homenajear, para quienes, con un
poco de imaginación, se podrían encontrar otras alternativas.
En definitiva, existe más de
un fundamento para no cambiar el nombre de las calles de nuestra ciudad.
Ni a Washington, ni a Lincoln, ni a Lastra.
Chascomús, 25/02/2020
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