DEBE RESTABLECERSE EL FUNCIONAMIENTO
DE TODOS LOS PODERES DEL ESTADO
En la provincia de Buenos Aires,
la justicia se encuentra sin funcionar normalmente desde el día 16 de marzo, y sólo
se atienden cuestiones urgentes, con un criterio ampliamente restrictivo.
Desde ese entonces, miles de
expedientes de diversa naturaleza en todos los juzgados provinciales de los
distintos fueros se encuentran paralizados, o sea que miles de litigantes se
ven impedidos de continuar sus procesos y, en definitiva, de obtener justicia.
En consecuencia, los abogados que
dependen de su profesión para vivir se ven impedidos de ejercer su trabajo como
auxiliares de la justicia y, por lo tanto, de obtener sus legítimos ingresos.
Por su parte, el poder
legislativo provincial se encuentra también paralizado. No se celebran sesiones
y, por lo tanto, no se trata ningún tipo de proyecto de ley, ni se ejercen los
mecanismos de control y contrapesos que existen en el sistema republicano.
En nuestra ciudad, no somos
ajenos a esas realidades. El Concejo Deliberante tampoco funciona, y el
intendente gobierna a través de decretos, que amparándose en la situación de
emergencia y en la falta de funcionamiento del cuerpo deliberativo avanzan
sobre competencias exclusivas de ese departamento municipal.
No estamos en el siglo XIX. Hoy
en día la tecnología ha sufrido importantísimos avances. Las computadoras
personales se han transformado en una herramienta de trabajo imprescindible, y
todos los profesionales y oficinas públicas cuentan con ellas. Lo mismo puede
decirse del acceso a Internet.
La justicia provincial, aún con
sus falencias, posee un importante sistema informático, con los expedientes
digitalizados. Prácticamente todo puede hacerse vía electrónica (existen
numerosos artículos y trabajos publicados que dan cuenta de cómo realizar
diferentes gestiones y diligencias a través de la telemática), salvo ciertas
diligencias.
Muchas de ellas podrían
realizarse adoptando las medidas de seguridad necesarias, mientras que otras,
las menos urgentes y que involucren concentración de varias personas en
espacios reducidos y con extrema cercanía, podrían posponerse hasta que mejoren
las condiciones sanitarias.
Lo mismo puede decirse de los
cuerpos legislativos.
Aún transitando un período de
emergencia, no puede admitirse una parálisis absoluta del poder legislativo. Es
que justamente en estos casos, donde los poderes ejecutivos han concentrado el
poder a través de esos instrumentos de emergencia, es cuando los representantes
del pueblo deben ejercer un control más exhaustivo. No se trata, por supuesto, de
obstruir el accionar ni de limitar las herramientas que poseen presidente,
gobernadores e intendentes, sino de acompañar con la participación legislativa
a través de la elaboración y la ratificación de los instrumentos pertinentes, pero
sin que ello signifique dejar de controlar el accionar de aquel poder, y en
caso necesario denunciarlo cuando se transforme en abusivo o lesivo de derechos
fundamentales de los ciudadanos (obsérvese entonces que claramente deben estar
funcionando en concordancia los tres poderes del Estado).
Reuniones de comisión virtuales,
trabajo a distancia de los asesores, uso de firma digital, sesiones celebradas
en forma presencial con distanciamiento social y elementos de protección, o
incluso sesiones totalmente virtuales (Mendoza ya lo ha hecho), son algunas de
las herramientas que se pueden utilizar.
Es necesario que todos los
poderes del Estado, exponentes del sistema republicano de gobierno, vuelvan a
funcionar, utilizando mientras dure la emergencia las herramientas que la tecnología
pone a disposición, así como manteniendo las precauciones sanitarias.
De esa forma se garantizará el
funcionamiento pleno del Estado, ya que, mientras los Poderes Legislativo y
Judicial se encuentren paralizados, nunca podrá hablarse de un Estado presente,
como a muchos les gusta invocar.
No cabe duda de que el Covid-19
es una enfermedad peligrosa. Pero también es peligroso que nos acostumbremos a
vivir en un país donde la justicia no funcione y en donde se gobierne
exclusivamente a través de decretos.
Ese país sería el paraíso y la delicia de los autócratas.
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